Domingo 26 T. Ordinario "C"
Am 6, 1.4-7 Sal 145 1 Tm 6, 11-16 Lc 16, 19-31 Hemos proclamado en el Evangelio una parábola de Jesús. Siempre que escuchamos una parábola, hemos de recordar lo que el mismo Jesús nos advierte tras narrar una parábola: “Quien tenga oídos para oír, que oiga”. Es decir: no es sólo importante lo que escuchas, sino cómo lo escuchas. Porque dependiendo de lo que hay en tu corazón entenderás la parábola de una manera o de otra. La Parábola es un midrash, es como un cuentecillo, como una fábula. Un cuentecillo, una fábula no está hecha para interpretarla al pie de la letra. Si interpretamos esta parábola al pie de la letra descubrimos muchas incoherencias, muchas contradicciones: - ¿Cómo puede haber comunicación entre el Cielo y el Infierno? - Por muy mal que se haya portado el rico, hay desproporción enorme entre el pecado y la condena. Y el pobre... ¿qué ha hecho...