Domingo 26 "A" - 2026
Is 5, 1-7
Sal 79
Fil 4, 6-9
Mt 21, 33-43
Es el tercer domingo seguido en que la Palabra de Dios nos habla de la Viña. Esa Viña que como aclara Isaías es la casa de Israel, el pueblo de Dios, la comunidad, la Iglesia. Los domingos pasados la Palabra nos exhortaba a trabajar como jornaleros y como hijos en la Viña del Señor, del Padre. Este domingo viene a recordarnos que somos una Viña llamada a dar frutos y que somos administradores, no propietarios de la Viña.
Isaías proclama el amor de su amigo por la Viña, con que cariño la cuida, la trabaja, la defiende. Y nos pregunta: cuál es el fruto que damos? ¿Cómo pagamos al Señor todo el bien que nos ha hecho? Qué hay, que brota en nuestro corazón? Alzamos la copa de la bendición, del agradecimiento o brota la murmuración, los agrazones, la amargura?
En la Viña del Señor somos sarmientos, unidos a la Vid. Si te has apartado de la Vid, si no permites que su savia corra por ti, si El Espíritu no da testimonio a tu espíritu del amor que Dios te tiene, el Salmo nos dice: grita! Si has matado a la palabra profética dentro de ti, si has matado a Cristo, si las pequeñas raposas te están devorando y los jabalíes están pisoteando, haz tuyo el grito del Salmo: “Ven. Señor, a visitar tu viña”
El evangelio nos recuerda que no somos propietarios, que la Viña no es nuestra. Hemos recibido la Viña como hemos recibido los talentos, para que los negociemos, para que los hagamos rendir. Se trata de devolver a Dios lo que nos ha dado con sus réditos.
Y que nos ha dado? El Evangelio, su amor gratuito, su misericordia, su perdón, su ternura, … Ello no es posible si ves a Dios como el que enterró su talento, como los arrendatarios de la parábola. Si lo ves como te lo hace ver el diablo: un tirano, un déspota, un egoísta que no quiere que seas libre, …
Dios nos invita a no ser necios y también nos anima, como vemos en la segunda lectura. Nos invita a mantener el corazón en paz, sabiendo que Él nos cuida: “No temas pequeño rebaño, al Padre le ha parecido bien daros el Reino”, daros la Viña. Santa Teresa hizo carne de su carne esta lectura cuando canta “Nada te turbe, nada te espante”. Podemos tener paz si nuestro corazón está unido al corazón manso y humilde de Cristo.
En la Eucaristía vivimos el Maranata, en la eucaristía el Espíritu y la Esposa dicen: Ven Señor a visitar tu Viña . Pero en la Eucaristía el Amado nos dice: “Ven, salgamos al alba a la Viña y recogeremos de sus frutos… “gustad y ved que bueno es el Señor… porque mejores que el vino son sus amores”.
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