Domingo 4º T.Ordinario "A"


Sof 2, 3; 3, 12-13

Sal 145

1 Co 1, 26-31

Mt 5, 1-12.

 

 

             La Palabra de Dios viene a iluminar la vocación de todo hombre a la felicidad. El sentido de todo lo que hace el hombre viene marcado por la búsqueda de la felicidad. Y eso es algo querido por Dios, un Dios que es amor gratuito, un Dios que no nos ha creado para vivir en la frustración, en la tristeza, en la pena.

 

            Pero el problema estar en saber dónde se encuentra la felicidad, dónde buscarla. Porque el hombre la ha buscado en las seguridades, en el éxito, en los afectos, en los ídolos, y ha recibido muchos golpes, muchas desilusiones, que llenan su vida de amargura.  

 

Dios en el monte Sinaí, para que el hombre no se perdiera en esa búsqueda, nos mostró el camino de la felicidad, el camino de la Vida. Ese camino no es otro que el camino de la santidad, el camino del amor a Dios y el amor al prójimo. Y selló una alianza con su pueblo: si sigues ese camino, yo te llevo a la Tierra Prometida, te llevo a la Vida Eterna, a la Felicidad plena. Pero, intentando seguir ese Camino, el hombre ve que no puede, que está enfermo, que necesita una curación.

 

Por eso, en un nuevo monte, Jesús anuncia una Alianza NuevaEse nuevo monte no es cómo el Sinaí, una montaña alta, majestuoso, imponente, en pleno desierto. Esa Nueva Alianza la anuncia Jesús en una colina suave, verde, amable cerca del mar, como ya han visto los que han estado y la veréis cuando vayáis. En ese monte Jesús revela el Camino que lleva a la Resurrección, a la Vida Eterna

 

Esa Nueva Alianza se nos da cumplida en Él: Él es el verdadero Camino hacia la santidad, hacia la Felicidad. El, que se ha hecho pobre para enriquecernos; Él que es manso, humilde y limpio de corazón; Él que es misericordiosos; Él que ha derramado sus lágrimas por nuestras muertes, por nuestras rebeldías; Él que ha sido perseguido a causa del Reino.

 

A la luz de Cristo entendemos el misterio de nuestra elección, de la que nos hablan Sofonías y Pablo.Dios no nos ha llamado por nuestras cualidades, ni lo que nos une aquí son nuestras riquezas. Dios elige vasijas de barro para mostrar que el tesoro que llevamos no somos nosotros, que la que hay de bueno en nosotros no viene de nosotros. Entonces porqué eres tan exigente contigo mismo? Por qué te escandaliza la pobreza, la debilidad de tus hermanos de comunidad?

 

El Salmo nos recuerda que si quieres mostrar la eficacia de un medicamento, no puedes elegir a los sanos. El Señor elige a los oprimidos, a los hambrientos, a los cautivos, a los ciegos, a los que se doblan, al huérfano, a la viuda, a los que no son felices, para mostrar que la fuente de la felicidad no está en nosotros mismos, sino en sentirnos profundamente amados y realizados en el amor.

 

Venimos a la eucaristía como pobres, como necesitados. Porque en ella, donde celebramos y recibimos el amor gratuito de Dios que se entrega plenamente a nosotros, está la fuente de la bienaventuranza, la fuente de la santidad. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

MISA DE EXEQUIAS POR NUESTRO HERMANO PERE GIL

Domingo 27 T.Ordinario "C"

Vigilia de Pentecostés "C"