Domingo 2º Cuaresma 2026
Gn 12,1-4
Sal 32
2 Tim 1, 8-10
Mt 17, 1-9
¿Por qué en plena Cuaresma, en este segundo domingo, la Iglesia nos invita a proclamar el evangelio de la Transfiguración? La invitación a la Conversión va siempre unida a acoger la Buena Noticia y la Transfiguración es un anuncio de la Resurrección, de la Vida en mayúscula. El prefacio que cantaremos nos lo aclara cuando dice que Jesús se transfigura para “testimoniar de acuerdo con la Lay y los profetas que la pasión (y la cruz) son el camino hacia la Resurrección”.
La primera lectura nos recuerda que cuando Dios aparece, como hizo con Abraham, nos pone en camino, un camino de fe. ¿Hacia dónde? Hacia la transformación de este cuerpo miserable en un cuerpo glorioso como el suyo. Porque, como dice la carta a los Corintios, este cuerpo corruptible tiene que vestirse de incorrupción y este cuerpo mortal tiene que vestirse de inmortalidad. Este cuerpo oscuro y opaco tiene que vestirse de Luz.
La Epístola a Tito nos recuerda que la obra de Cristo es destruir la muerte para hacer brillar la Vida y la Inmortalidad. ¿Cómo? Cristo nos muestra que el camino hacia la Vida y la Inmortalidad no es escapar de la cruz, de la muerte, sino tomar la cruz y seguirle, obedeciendo como Él hasta la muerte y muerte de cruz. Pues, Luz y Tinieblas, Muerte y Vida se enfrentan en Cristo en un singular combate, y la muerte es absorbida en la Victoria, una Victoria que se nos da en Cristo Jesús.
En la Oración Colecta pedíamos que el Señor nos permitiera contemplar la gloria de su rostro. ¿Por qué?Porque, como dice la epístola de San Juan, aunque somos Hijos de Dios todavía no se ha manifestado cómo seremos. Cuando le veamos tal cual es seremos semejantes a Él. Seremos Imagen de un Dios que es Luz. Pues la Gloria de Dios está en el rostro de Cristo y el mismo Dios que dijo de las tinieblas brille la Luz, es el que ha irradiado esa Gloria en nuestros corazones.
Lo hacemos desde nuestra verdad, desde nuestra pequeñez, haciendo nuestro el salmo que hemos cantado. Porque llevamos ese tesoro en vasos de barro, porque somos tentados, porque estamos en camino, en misión, en combate, cada día hemos de pedir: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
Y en la Eucaristía el Señor se transfigura para que nosotros, como rezaremos en la oración final comulguemos, de su cuerpo glorioso. Cristo se hace alimento y bebida, se da totalmente para que participemos de su gloria.
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