Domingo 5º Cuaresma 2026


Ez 
37, 12-14

Sal 129

Rm, 8, 8-11

Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

 

 

          En nuestro Itinerario Cuaresmal hacia la Pascua, memorial de nuestra Iniciación Cristiana, llegamos al domingo en que se nos invita a renovar nuestra Elección. El Señor nos ha elegido antes de la creación del mundo no para el juicio y la muerte, sino que hemos sido elegidos para la Resurrección y la Vida. Para pregustar ya ahora un anticipo de esa Vida. Pues, como nos recordaba la Epístola, aunque nuestro cuerpo esté muerto al pecado, nuestro espíritu viva ya la Vida Eterna.

 

            Es cierto que para llegar a ello hemos de pasar por la Cruz, por la muerte. También a nosotros, como a los discípulos, nos cuesta entender que Jesús no evite que pasemos por la muerte. Pero en la muerte de Lázaro, como en la del mismo Jesús, como la de todo hijo de Dios, se cumple lo que el Señor profetiza a Pedro: “Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios”. Somos testigos de que así ha sido en la muerte de nuestros hermanos de comunidad.

 

Pero entrando en la muerte con Cristo, vivimos lo que hemos proclamado en el Salmo responsorial. Hemos visto en nuestras muertes, cuando hemos estado en lo profundo, el Señor ha escuchado nuestro grito y por eso nuestra alma espera en el Señor, espera en su Palabra, porque sabemos que al despertar nos saciaremos del semblante del Señor, de la hermosura infinita de su rostro.

 

Para salir de la muerte es necesario que escuchemos la Voz del Señor. Esa palabra profética que el Señor pone en los labios de Ezequiel, esa Voz que escuchó Lázaro, esa voz que nos dice: Levántate tú que duermes en las sombras de muerte y te iluminará Cristo.

 

Y para que podamos escuchar esa voz y salir de nuestros sepulcros, es necesario que alguien abra nuestros sepulcros, alguien quite la piedra que nos mantiene en la muerte. Y así podemos preguntarnos… cuál es la losa que aún nos mantiene encerrados en la muerte? Para quitar esa losa el Señor cuenta con los amigos de Lázaro, con la comunidad de Lázaro. Y cuenta también con nosotros para que podamos quitar tantas losas, a fin de que su Palabra de Resurrección y Vida llegue a tantos que yacen en sombras de muerte, en la corrupción. 

 

En el Prefacio proclamaremos que el Señor por los sacramentos restaura a todos los hombre a una Vida Nueva. Respecto a Lázaro el Señor dice: Desatadlo y dejadlo andar. Pero tras la resurrección de la hija de Jairo, el Señor dice: Dadle de comer. El señor nos ha resucitado con su Palabra y ahora nos alimentará con su Cuerpo y su Sangre. 

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