Domingo 2º de Pascua 2026



Act 2, 42-47

Sal 117

1 Pe 1, 3-9

Jn 20, 19-31

 

 

           Como hemos proclamado en el salmo: Este es el día en que actúo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Litúrgicamente estamos todavía en el día de Pascua, alegrándonos por la victoria de Cristo que es nuestra victoria y alegrándonos por las obras del Señor. Especialmente, en esta “Doménica in Albis”, nos alegramos por la obra del Señor en los hermanos que han recibido o renovado solemnemente el Bautismo en esta Pascua.

 

            Estas obras del Señor que hemos proclamado en la lectura de loes Hechos de los Apóstoles. La lectura de los Hechos nos acompañará a lo largo de todo el tiempo Pascual y conviene recordar que el gran protagonista de los Hechos es el Espíritu Santo que es el que obra en los apóstoles. Ese Espíritu que Jesús sopla sobre ellos y que les abre a la comprensión de las Escrituras, que les libra del miedo (No temáis) y que les da la Paz, el perdón y el poder de perdonar.

 

De todos los dones que nos da el Espíritu Santo hay uno que destaca en las lecturas que hemos proclamado hoy (aparece 3 veces): la Perseverancia.  No sólo “La Donna é móbile” como canta la ópera “Rigoletto”. La propio del hombre es la inestabilidad, la huida, el cambio. El Eclesiastés ya nos dice que el hombre se cansa de todo, San Agustín que el corazón del hombre está inquieto y el filósofo Heidegger que el hombre no puede tomar asiento, que su ser es estar siempre de paso. El hombre busca un punto donde apoyar su vida y todos los que prueba le van fallando.

 

Y nosotros que somos así... ¿cuánto tiempo llevamos en el Camino (en la Iglesia)?  

Recuerdo aquel Párroco, no muy enamorado del Camino, que viendo a los hermanos que esperaban a que abrieran la puerta para entrar a celebrar la Palabra, se extrañaba de que mientras la gente acudía a la parroquia para diversas celebraciones y luego desaparecían, los hermanos volvieran una y otra vez a la comunidad: “¡¿Todavía por aquí?!”

 

El Espíritu, sosteniéndonos en nuestras dudas y crisis, siendo vasijas de barro, nos da perseverar. Perseverar, como la comunidad de Jerusalén, en la oración, en la fracción del Pan, en la comunión y en el anuncio del Evangelio. Perseverar gasta el final, pues el Señor nos está regalando la alegría que tuvo santa Teresa de morir en la Iglesia, como Hijos de la Iglesia.

 

Perseverar, como nos recordaba la epístola de San Pedro, en la Cruz. Aunque me gusta mucho la poesía de Antonio Machado, sorprende un poco esa Saeta que dice: Oh no eres tú mi cantar, ese Jesús del Madero, sino el que anduvo en la mar”. No somos masoquistas. No nos gusta la Cruz, la muerte, sino la Vida la Resurrección. Pero sabemos que perseverando con paciencia en medio de los sufrimientos y las pruebas, gracias al don de la Esperanza, vivimos y mostramos así que, con el Espíritu del Señor crucificado, podemos caminar sobre las aguas de la muerte sin hundirnos. 

 

El evangelio nos invitaba a toca a Jesús. Podemos tocarlo con la fe, en el sacramento de la fe, cuando tengamos el cuerpo del Señor en nuestras manos y podamos adorarlo: Señor mío y Dios mío.

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