Domingo de la Ascensión 2026
Act 1, 1-11
Sal 46
Ef 1, 17-23
Mt 28, 16-20
La liturgia hoy hace suyo el lema de la próxima visita del Papa León a España: Alzad la mirada! No hacia el cielo físico como los pasmados discípulos en la 1ª lectura, sino hacia Dios mismo donde Cristo entra con nuestra humanidad y con un botín de dones espirituales. Alzar la mirada para buscar esos dones y, como pediremos en la oración final, para estar con Cristo que es con mucho lo mejor.
Toda la Palabra de hoy nos invita a la alegría, al gozo, a la exultación, a la aclamación. La oración colecta y el prefacio nos dan los motivos: porque la victoria de Cristo es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido Él, que es nuestra Cabeza, esperamos llegar también nosotros los miembros de su cuerpo. Para ir donde está Cristo sólo tenemos que permanecer unidos a Él.
La liturgia de hoy es también una invitación a la Esperanza. Una Esperanza tan grande que para vislumbrarla, como nos recordaba la Carta a los Efesios, necesitamos que Dios nos dé espíritu de sabiduría y revelación, que ilumine los ojos de nuestro corazón, pues “ni ojo vio, ni oído oyó ni la mente imaginó lo que Dios tiene preparado a los que le aman” (1 Co 2, 9)
La Palabra nos daba la razón de esta esperanza. El poder que Dios desplegó resucitando a Jesús de entre los muertos y elevándolo al Cielo, es el mismo poder sobre el Cielo y la Tierra, que, como afirma Cristo en el Evangelio,se le ha dado para bien nuestro y de toda la humanidad.
El mismo Cristo nos exhortaba a permanecer en Jerusalén. A permanecer en la comunidad, a esperar en oración como María y los apóstoles, para poder celebrar, en el culmen de la alegría pascual, la venida del Espíritu Santo, la gran fiesta de Pentecostés.
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