Corpus Christi 2026
Dt 8,2-3.14-16
Sal 147
1C 10, 16-17
Jn 6, 51-58
Hay un canto que se canta todavía en las misas que dice, y lo dice cantando: “Gracias porque podemos darte gracias al Cantar”. Hoy celebramos Eucaristía para dar gracias por la Eucaristía. Y con toda razón porque, como dice la Lumen Gentium 11, la Eucaristía es la fuente y el culmen de toda la Vida Cristiana. Es el don de los dones, el regalo de los regalos.
La Eucaristía es ante todo “alimento” y “bebida” espiritual del ser que ha nacido en el bautismo. Así como la vida natural no puede crecer ni subsistir si no se come y se bebe, tampoco el hijo de Dios que hay en nosotros, como nos recordaba el Evangelio, no puede tener Vida en sí si no come y bebe de la fuente de la Vida.
La lectura del Deuteronomio nos recordaba que la Eucaristía es la Pascua. Entrando en ella vivimos el Éxodo definitivo: pasamos de la Esclavitud a la Libertad, de la Muerte a la Vida, pero siendo todavía peregrinos en el desierto de la Vida. Y en ese caminar, en la Eucaristía el Señor nos da el alimento para el camino, el Viático, el verdadero Maná, la Palabra hecha Carne, y el Agua del Espíritu.
La Carta a los Corintios proclamaba algo esencial que estamos viviendo: la Eucaristía es fuente de Comunión. Tomando el Cuerpo y la Sangre de Cristo pasamos a ser Cuerpo y Sangre de Cristo. La Eucaristía nos transforma y nos hace crecer como Cuerpo de Cristo. Nos une profundamente a Cristo como los sarmientos a la Vid para que su savia, su Espíritu, circule entre nosotros.
La Eucaristía es Culmen de nuestra Vida, porque en ella toda nuestra Vida es con Cristo una ofrenda al Padre. A la Eucaristía llevamos todos nuestros deseos más profundos, nuestros combates, nuestros sufrimientos, nuestros pecados, nuestros trabajos, y las buenas obras que podamos haber hecho por pura gracia de Dios.
Y la Eucaristía es fuente porque en ella somos enviados: Ite Misa Est. La Palabra Misa tiene la misma raíz que Misión. En ella, nos lo recordaba san Juan, hemos recibido la Sangre que Cristo derramó por la Vida del mundo y esa misma Sangre nos lleva a continuar la obra de Cristo. A través nuestro Dios quiere seguir dando Vida al Mundo.
¿Cómo no levantar la Copa de la Bendición para agradecer no sólo un regalo tan grande sino que podamos vivirlo como lo vivimos?
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