Domingo 13 "A" 2026


2 Re 4,8-11.14-16

Sal 88

Rm 6,3-4.8-11

Mt 10,37-42

 

 

              Hemos proclamado en la primera lectura que acogiendo la Palabra, acogemos la Vida.Nosotros que éramos estériles, que no teníamos vida en nosotros damos testimonio de que, por gracia de Dios, pudimos acoger la palabra profética que ha llenado de frutos nuestra vida. Frutos de vida.

 

            Cantaré eternamente las misericordias del Señor, hemos cantado en el salmo. El “eternamente”nos recuerda que la Palabra que hemos recibido no es sólo vida ahora, sino que es una Palabra que contiene la promesa de la Resurrección y de Vida Eterna. Sabemos que podremos bendecir “eternamente” a Dios en la Gloria, porque, como niños, sabemos que la Gloria de Dios está en la bendición. 

 

La Epístola a los Romanos nos hace presente la Pascua: es la epístola que proclamamos en la Vigilia Pascual.  Viene a recordarnos que por la acogida de la Palabra y el bautismo participamos en el misterio pascual de Cristo y que, por ello, toda nuestra vida está marcada por un ir muriendo al hombre viejo para ir resucitando al hombre del Espíritu. 

 

Haciéndonos viejos, la muerte es cada vez más visible en nosotros, mientras que nuestra vida está oculta en Cristo. Y eso hasta que llegue a su plenitud la participación plena en la muerte de Cristo, con nuestro tránsito, con nuestra muerte definitiva a este mundo, para que llegue también a su plenitud la manifestación de esa Vida sobrenatural que ahora crece en nosotros. Como la de Cristo nuestra muerte es evangelizadora cuando es “voluntariamente aceptada”.

 

El Evangelio nos recordaba que acoger la Palabra nos hace portadores de esa Palabra. Esa Palabra hace que podamos poner a Dios y su Reino en primer lugar, por encima de todos los afectos y de nosotros mismos, porque nos lleva a aceptar que en la vida y en la muerte somos del Señor. La Palabra hace de nosotros enviados, profetas, portadores de vida para quienes nos acojan.  

 

Todo esto se cumple hoy, en esta Eucaristía. Hemos acogido de nuevo la Palabra. Viviremos la Pascua, moriremos y resucitaremos con Cristo y seremos enviados, a llevar una promesa de vida donde el Señor nos lleve esta semana.

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