Domingo XI "A" 2026


Ex 19,2-6a

Sal 99

Rm 5,6-11

Mt 9,36-10,8

 

 

              Lo sabemos, pero es bueno que el Evangelio nos recuerde hoy que Jesús nos conoce y nos elige por nuestro nombre. Hoy ha querido abrir de nuevo su corazón y compartir con nosotros su amor y su ternura ante tantos conciudadanos nuestros que aunque en apariencia sigan con su vida, en el fondo andan perdidos, desorientados, como ovejas sin pastor. 

 

            Y es el corazón mismo de Jesús, su caridad, su amor gratuito: Caritas Christi urget nos, el que nos envía.

 

En la primera lectura, el libro del Éxodo nos invitaba a recordar la obra que el Señor ha hecho con nosotros. La liberación de Egipto, su cuidado en el desierto y, sobre todo, la alianza que el Señor ha sellado con nosotros, para hacer de nosotros una nación santa, llena de su santidad, llena de su amor, un reino de sacerdotes para comunicar a las otras naciones las bendiciones de Dios, su Salvación. 

 

La epístola a los Romanos insistía en la importancia de recordar nuestra historia de la Salvación desde la gratuidad del amor de Dios . El Señor nos ha amado gratis, ha derramado su sangre por nosotros gratis, nos ha reconciliado gratis, nos ha justificado gratis, nos ha elegido gratis y, en el Evangelio nos invita a dar gratis lo que hemos recibido gratis: el Evangelio del amor gratuito de Dios. 

 

La Palabra nos recuerda hoy que ser cristiano, ser discípulo, es ser enviado, ser misionero. Y no hace falta ir lejos, a países paganos que no conocen a Cristo, o a samaritanos. Nuestra misión es, en primer lugar, una misión de proximidad. Nuestra experiencia del amor de Dios nos envía a las ovejas perdidas de la casa, a los alejados en espíritu, pero cercanos físicamente a nosotros.

 

El salmo nos invitaba a algo fundamental de cara a vivir nuestra vida como una misión: Servir al Señor con Alegría.  Vivir la alegría del Evangelio (“Evangelii Gaudium”) es esencial para poder testimoniar con el salmo que “El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades”.

 

Donde podemos llenarnos de esa alegría? En la Eucaristía.  La Eucaristía es memorial de la historia de Salvación que el Señor ha hecho con nosotros; es fuente de Espíritu, de Resurrección y Vida, es un servicio para el que el Señor nos ha hecho dignos (como proclamamos en la Anáfora) y donde somos enviados: Ite Misa Est! 

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