Hab 1, 2-3; 2, 2-4 Sal 94 2 Tm 1, 6-8.13-14 Lc 17, 5-10 El domingo pasado la Palabra hablaba al fariseo que hay en nosotros, hoy habla al apóstol que hay en nosotros. El Señor nos ha llamado, nos ha elegido, nos ha encomendado un servicio, pero llevamos este encargo, este servicio en vasos de barro, y muchas veces podemos sentirnos cansados, desanimados, faltos de fe, con la necesidad de gritar al Señor, como el profeta Habacuc, o de pedir al Señor, como los apóstoles: “Auméntanos la fe”. ¿Por qué piden los apóstoles que el Señor les aumente la fe? ¿en qué contexto?. Hay muchas situaciones que pueden llevarnos al cansancio y al desánimo. Pero hay sobre todo dos que son las que aparecen en los versículos anteriores al Evangelio que hemos proclamado. Os invito a leerlos en casa: Lc 17,1-4. De cara afuera, en la misión, el peligro de escandalizar y, de cara adentro, las tensiones con los hermano s de comunidad. Si ...
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