Domingo 19 "A" 2026
1 Re 19, 9-13
Sal 84
Rom 9, 1-5
Mt 14, 22-33
La Palabra de Dios nos trae hoy una buena noticia para los que están en crisis, o sea, para todos. Como el profeta Elías en la cueva, como los discípulos en la barca. Es Dios mismo el que ha embarcado a Elías en esa misión que le ha llevado allí, escapando del rey que le persigue. Y es Cristo mismo quien ha embarcado a los discípulos y lo ha conducido hacia la tormenta.
También en nuestras vidas hay terremotos, incendios, vientos fuertes, tempestades. Que nos asustan, en las que parece que vamos a zozobrar. Pero, como recordaba la Palabra, anunciaban la llegada del Señor: todo ello son una preparación para un encuentro con aquel que trae la Paz.
El Salmo y el Evangelio nos recuerdan la importancia de escuchar su voz. Una Voz que nos dice: No temáis. Nos recuerda no nos precipitemos en hacer juicios, o tomar decisiones. En plena crisis, la Palabra de Dios nos invita a confiar, a esperar en su justicia, en su misericordia, como hemos proclamado en el Salmo.
En la crisis, la Palabra nos invitaba, como hace Pablo, a confiar en la Fidelidad de Dios. Dios que nos ha llamado, que nos ha elegido, como hizo con el Pueblo de Israel es fiel, aunque nosotros seamos infieles. Y escribe recto un camino que lleva a la Paz, por las líneas torcidas de las crisis por las que pasamos.
Cristo Resucitado, caminando sin hundirse, sobre las aguas de la muerte, viene a nosotros. Y nos da la capacidad también a nosotros de caminar sobre todos nuestros problemas, dudas, crisis, sin miedo a hundirnos, a ahogarnos. Lo importante es mirarlo a él o gritarle a él si vemos que, mirándonos a nosotros mismos, nos hundimos.
Vivamos todo esto en la Eucaristía. Venimos aquí con nuestras crisis, pero nos espera el Señor Resucitado que nos dice “Soy Yo” (Yahvé) y nos trae la Paz y el descanso. Como los apóstoles confesemos ahora en el Credo que el “realmente el Hijo de Dios”, el que nos saca de la muerte.
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