Domingo 24 "A" 2026
Eclo 27,30 – 28,7
Sal 102
Rm 14,7-9
Mt 18, 21-35
El Evangelio que acabamos de proclamar es un fragmento del capítulo 18 de San Mateo todo él dedicado a la vida de la comunidad cristiana. El tema del perdón no es cuestión cualquiera: Cristo derrama su sangre para el perdón de los pecados y da su espíritu para que los discípulos perdonen los pecados, siguiendo su misión. La capacidad de perdonar es algo que sólo tiene Dios, Cristo y aquellos en los que habita el Espíritu Santo, fruto de vivir el amor gratuito de Dios. Esta capacidad de perdonar es lo que distingue a los que pertenecen a Cristo
La segunda lectura nos lo recordaba, pertenecemos a Cristo porque hemos sido rescatados con su sangre. Pertenecemos a Cristo porque hemos aceptado ser marcados con su sello, sellados con el Espíritu Santo que nos hace propiedad suya, ovejas de su rebaño. Y sabemos que el que no tiene este sello del Espíritu, no le pertenece.
Por eso, si vamos al paralelo en el evangelio de Lucas, estas palabras van justo detrás de las duras palabras de Jesús sobre el escándalo. Lo que realmente escandaliza de los cristianos no son sus debilidades, sus fallos, el que se vea que son vasos de barro, sino que no amen, que no tengan misericordia, que no perdonen. El Evangelio de hoy es continuación del del domingo pasado, donde hablan de la corrección fraterna. Eso es lo que hacen los compañeros de ese siervo malvado: no denuncian que sea un dilapidador, un defraudador, sino que no tenga corazón.
El Evangelio cuando nos habla de perdonar de corazón nos recuerda que el perdón no es el cumplimiento de un expediente. El perdón brota de un corazón donde vive la verdad, la humildad. Me gusta recordar que en nuestro corazón hay la balanza en uno de cuyos platos está el amor que recibimos de Dios y de los hermanos, y en el otro el amor que damos. A quien le pese más la del amor que damos, además de vivir engañado vive amargado. Lo mismo ocurre con el perdón.
En el Padrenuestro pediremos que Dios siga perdonando nuestros pecados como nosotros perdonamos porque en el Credo habremos confesado que creemos en el perdón de los pecados. Creemos que el perdón es el único camino de redención y de salvación para el hombre y lo creemos porque lo hemos vivido, porque es lo que Dios por medio de Cristo ha hecho con nosotros. , nosotros como discípulos, no somos más que nuestro maestro.
En la eucaristía comulgaremos con la sangre de Cristo derramada pare el perdón de los pecados. El perdonar no es una ley. Es fruto de esa unión con Cristo, fruto de que su sangre corra en nuestra sangre. Vivámoslo, hermanos.
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